Un año atrás, la única forma en que la emprendedora aymara Susana García Mamani podía iluminar su casa era con velas y chonchones, lámparas caseras hechas con tarros de leche y una mecha. Un año después, Susana tiene Atacsolar, emprendimiento que instala paneles solares fotovoltaicos en condominios y viviendas, negocio que también le permitió donar de electricidad a su casa. Su historia la contó este miércoles 31 de octubre en el seminario “Juntas Crecemos con Energía”, organizado por el Programa de Energías Renovables y Eficiencia Energética de la GIZ, SernamEG y CWeel.

Susana se capacitó durante seis meses en la ciudad de Tilonia, en la India, gracias a una alianza entre ONU Mujeres, el capítulo chileno del World Energy Council (WEC-Chile) y el gobierno de la India. Cuando partió, no tenía idea de inglés. “En la escuela de Colchane solo me enseñaron los colores y los números, así que cuando empecé las clases me manejaba por señas. Misa compañeras que hablaban inglés, me decían come on y yo me preguntaba qué querrán decirme. Así fui aprendiendo de mis conversaciones con ellas. Hoy hablo inglés y me puedo manejar en cualquier parte”, cuenta.

García Mamani, de 42 años, vive en la comunidad de Ancuaque, en la Región de Tarapacá, a 3.800 metros de altura y a un paso de la frontera. Ahí no hay luz y las pocas casas que gozan de ella fueron equipadas por Susana a su retorno de la India. El proyecto de capacitación reunió a 38 mujeres de pueblos de todo el mundo que no cuentan con energía, luego de un exhaustivo proceso de selección, pero que no exigía preparación académica. “Tenía compañeras analfabetas”, recuerda. “La idea era que cuando regresáramos  instaláramos energía fotovoltaica en nuestros pueblos”, explica.

La carencia de electricidad en su zona la hizo ver un nicho de emprendimiento. Se reunió con cuatro amigas y formó su empresa, que ya tiene dos contratos de instalación con particulares, con lo que multiplicó sus ingresos. “Antes vivía de la venta de productos de lana de alpaca, pero como  no teníamos un canal de comercialización, nos generaba ingresos esporádicos. Yo a lo más sacaba $150.000 unas tres veces al año”, explica. Hoy un solo contrato la genera $1.800.000 a la empresa.

La idea es apoyar a mujeres de pueblos originarios y aislados, se debe a que esas zonas son uno de los nichos de expansión natural de las ERNC. “En los pueblos indígenas hay una cosmovisión y una cultura que se basan en una relación sostenible con la naturaleza, por lo que estas energías encajan muy bien”, cuenta Rebeca Sanhueza, coordinadora del programa “Originarias”, de ONU Mujeres, en el que también participó Susana. Más allá de su emprendimiento, ella quiere concretar el objetivo de su viaje a la India: dotar de electricidad a su pueblo. “Allá quedaron todos los sistemas que construí, pero no tenemos plata para traerlos. El Gobierno Indio paga el transporte hasta en un 90%, pero por su normativa la inversión debe ser cofinanciada con otro gobierno”. La invitación está hecha.

Fuente: Las Últimas Noticias.