Las estelas negras del transporte público pronto serán cosa del pasado, pues Chile se prepara a pasos agigantados para dar un salto hacia la electromovilidad. Menores emisiones y mayor eficiencia en el consumo energético están entre sus principales ventajas. … en abril llegará un nuevo bus eléctrico. Esta unidad cubrirá el trayecto entre la Escuela Militar y el Parque Araucano por tres meses, sin embargo, el objetivo de la empresa es lograr introducir una flota de entre 200 y 300 buses. “Santiago es una ciudad extremadamente contaminada, por lo tanto, debemos comenzar a poner todas las restricciones necesarias a los vehículos impulsados por combustibles fósiles, especialmente, el diésel”, dice Alberto Escobar, gerente de Movilidad y de Políticas Públicas del Automóvil Club y secretario general de la Asociación de Movilidad Eléctrica de Chile (Amech).

La iniciativa cuenta con el apoyo del sector público y privado, con el fin de acelerar la transición. En ese sentido, en los últimos días el Ministerio de Transportes (MTT) anunció que se incorporará el costo de la energía eléctrica en la fórmula que establece los precios de los pasajes. “Esta es una señal de que nos estamos preparando de una manera racional, razonable e inteligente para lo que va a venir. Esto permitirá que dejen de ocurrir alzas de precio tan altas como suelen experimentar los combustibles fósiles”, asegura Escobar. Para hacerse una idea, en la actualidad existen 200 buses eléctricos en el país, 100 de los cuales fueron suministrados por Engie, empresa que en la actualidad está trabajando en la implementación de nuevos electroterminales para el sistema. “Aún queda mucho por hacer respecto a la electromovilidad en Chile, sin embargo, si se realiza un buen trabajo en conjunto entre el ámbito público y privado, es posible lograr una correcta implementación”, asegura Laurent Furedi, director de Movilidad Verde Engie Latam.

Los desafíos

De cara a lo que será el futuro del transporte público, aún quedan cosas por resolver. “El país necesita hacer un importante esfuerzo en incentivos, infraestructura y cambios culturales”, dice Furedi. También es clave poner atención a las nuevas complejidades. Por ejemplo, pensar cuál va a ser el destino de las baterías. En ese sentido, es necesario actuar de una manera distinta a como ha ocurrido en el pasado, es decir, cuando la tecnología ya está instalada. “Necesitamos establecer los mecanismos para su ubicación, reciclaje y reutilización. Su disposición final puede producir consecuencias bastante severas, en términos de sales y ácidos”, asegura Alex Godoy, director del Centro de Investigación en Sustentabilidad de la UDD.

Fuente: La Tercera-Pulso